sábado, 20 de diciembre de 2014

Juntos los dos guardan un secreto.


Sin saberlo, tu mirada se disipaba en el cielo, aquel cielo estrellado que es infinitamente reproducido en la eternidad, en aquella noche cálida, única, que perfeccionaba lentamente las lineas que nos rodeaban. Las palomas, rebeldes, se negaban a descansar, y sus gritos se perdían sobre las inminentes ramas azules, que ingenuas, buscaban tocar las pequeñas luces que iluminaba nuestros sentidos, ocultado egoístamente y porque no, cruelmente, parte de aquel desolado y hermoso cielo. El césped picaba inocentemente nuestros corazones, reclamando libertad airosamente, mientras nosotros, sin saberlo, estábamos acostados indiferentes sobre aquel suelo oprimido. Nuestros ojos, sin poder entenderlo, se perdían en pensamientos. Pensamientos existenciales, de soles y planetas, de nebulosas y de nuestros propios problemas más mundanos, que amenazaban en cada instante salir y rodearnos en su penetrante círculo de comodidad. Una nube cubrió por un instante aquella luz que nos esperanzaba, y en un segundo fugaz, mientras la Luna se imponía con fuerza sobre la Tierra destruyendo sin piedad a su enemiga, tu voz irreconocible ante mi débil oído, pronunciaba suavemente algunas palabras, apagando con una exultante autoridad el sonido de la débil noche, ese sonido armónico de soledades que se buscan y de almas que despiertan o esperan ser despertadas unas por otras. Me dijiste, sin dudarlo, "Ojala estuvieras aquí". Las estrellas giraban sobre nuestro rededor, la brisa primaveral atraía nuevos sabores, mientras nuestros sentidos se fundían sobre el horizonte. "Si que estoy aquí" le dije, rápidamente sus ojos mermaron sobre mi, al descubrirlos, sentí como el corazón bloqueaba mi respiración, aferrándome a la vida intenté mirar hacia una hoja verde que lentamente caía, para encontrarse finalmente con esta maldita tierra, para morir y renacer entre aquella penumbra. Pero no pude, algo me lo impidió y de repente sin haberse predestinado, el aire cálido de aquella surreal noche, llenó mis pulmones, relajando todos mis sentidos, poniendo en armonía el funcionamiento del planeta y volviéndome lentamente y con una piedad irresistible, la ansiosa tranquilidad. "No estás aquí, quisieras que estuviese aquí, a mi lado", me respondió sin dejar tiempo a que mis manos dejaran de temblar. Un zorzal se acercó cuidadosamente, un pequeño destello retumbó sobre nosotros, eran las nubes que se juntaban, para dar batalla a una imponente Luna. Entre fulgores, no supe si era un zorzal o una calandria la que se acercaba, que más daba, su respuesta giraba en mi cabeza, como si la eternidad se hubiese suspendido para almacenar y reflexionar sobre aquellas triste palabras. "Lo sé, lo siento me he apagado, hace tiempo que no estoy aquí", salió pausadamente de mi boca seca por la humedad que se resistía a ceder. No quise verla, pero no pude evitarlo, solo observaba aquel cielo con ojos entrecerrados, que era el centro de atención de la noche. Sus ojos tristes se centraban en la Luna, las nubes, los pájaros y los árboles, todos convergían para dar una noche soñada pero afligida, llena de conflictos celestiales incontenibles. Y entre su paz, dos corazones se desencontraban casi sin saberlo, pero la magia los unía, y las palabras eran clamores, las palabras ansiaban juntarse y ser solo una, una expresión de todos sus sentimientos y todas aquellas sensaciones, que chocaban y combatían como el cielo y la Luna, pero que anhelaban siempre juntarse  y ser compartidas. Ella, sin dudarlo, me contestó "Lo sé, es solo un sueño, como tantos otros que se pierden y se perderán, por eso no estás aquí. Ojala estuvieras aquí." Y la noche lentamente se apagaba, dando paso a una rojiza e inquebrantable luz, esa luz que entraba y dañaba nuestros pequeños ojos cristalizados, entre recuerdos que flotaban y dos almas que apenas se balanceaban en un taciturno equilibro. Esa luz, pequeña, esa, la que me despertaba.

















jueves, 18 de diciembre de 2014

Esfuerzo...


... Reaccionando ante el vacío de mi alma descubro mis heridas, en la soledad que me domina y en la prisión de mis pensamientos, yo, el ego encadenado en mi pasado y ofuscado por obligaciones diarias, obligaciones abstractas que agitan mi cuerpo, en el centro, sobre la aceptación, encuentro la felicidad, esa felicidad. La que me acusa de egoísta por no compartirla, es que la felicidad no se comparte, se descubre en la vastedad de adversidades, y en el abandono de la continua lucha por ser algo más, se reafirma que nadie puede ser algo más, llanamente porque ahora mismo, en el presente, amasando la única realidad vivida, ya somos, entre nosotros, nosotros mismos.



sábado, 8 de noviembre de 2014

Gracias.


"¿Aún crees en todas las cosas que sostuviste antes?
¿Estás afuera en las primeras líneas?¿O en casa llevando las cuentas?
¿No recuerdas cuando eras joven y querías incendiar el mundo? En un lugar muy dentro de ti, sé que lo recuerdas. ¿Y no recuerdas cuando eramos jóvenes y queríamos incendiar el mundo? Porque aún quiero hacerlo y aún lo recuerdo..."



sábado, 15 de octubre de 2011

Perdí la canción que me volvía loco.

El Sol aparece, la Luna obstinada se niega a partir, deseosa de presenciar la ciudad en movimiento. En ella se nublan pensamientos.
Acostado en una nube de color, suave como el color de tus ojos, se mueven y desgarran el cielo y lo transforman, lo sienten con fuerza y una extrema delicadeza.

Sonidos que hierven. Reclaman cuanto extraño tu sonrisa, tu mirada perdida, tus maltratos y el sabor de tu respiración. Y recuerdo, tan triste el sabor de que todo se aleja aún más y que en esa lejanía, caen destrozadas las migajas que quedan.

Hoy solo frente a una hermosa Luna, construyo sueños, y en ellos castillos con tu nombre, forjo tu perfume, pero me pierdo en laberintos de lamentos.
Una lágrima cae por injusticia, y en tu silencio descansa un débil corazón.

Sobre pequeñas nubes doy saltos, en tu ventana se divisan pequeñas estrellas escondiéndose del amor, me gritan que desaparezca, que no debo estar en tu camino. Y a veces pienso si me piensas, si existo en tus recuerdos, porque hoy no puedo evitar sentir que muero en tus olvidos y que cada gota marca un desinteresado final.

Una caja de chocolate reposa sobre mi armario, y en él, el sentir que te fallé una y otra vez. Risas deplorables y el destino que me castiga. Quizá por injuriar a un ángel o quizá sencillamente por imaginar un nuevo Sol.

Hoy la Luna está hermosa y el cielo teñido de promesas, de recuerdos que viajan y se chocan...





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jueves, 6 de octubre de 2011

Escribiendo en el 132.

Atención, no leer!!!

Quizá en un sueño, tal vez en un pequeño atardecer, capaz sólo, en paz, sin discusiones, con pensamientos.  Esos pensamientos que duran semanas, meses, que cuestionan, configuran, limitan tu forma, tu ser, tu existir.
Quizá es mi sangre, donde nací, los ríos, las cataratas, quizá el Sol al que se me fue separado, condenado, maldecido a no verlo de vuelta, a pagar con mi piel, con mi debilidad cada destello sobre mi cara, mis ojos.
Quizá tu mirada que no está, esa mirada que perdí, que creí no necesitar, que creí reemplazar. Mezquino en mi, merecedor de indiferencia, de ruptura total e inquebrantable como hipocresías en grandes palacios y cortinas de sedas que tapan campos de sangre.
Quizá las letras, tal vez las palabras, configuradas en un sin fin de sensaciones, expresadas en simples líneas sin aparente sentido, en una hoja sucia, sin color, reflejando su lejanía a su madre, a su parto, a su naturaleza.
Quizá interminables respuestas, remotas sensaciones y golpes. En un manto azul se engrandecen, descansan resignadas, como una hoja sobre la húmeda brisa, tan fría pero alegre, tan triste pero cálida.  


Quizá solo hoy descubro su alma, desfigurada y tibia, tan humana, tan lejos de la perfección, tan pícara con grandes salpicaduras de inocencia, tan fría es, pero tan profunda su ternura. Equívocos sus pensamientos, sumisos a caprichos sociales, inherentes a una cultura colonial complaciente. Nunca conocí algo tan hermoso, tan especial. Como una trampa del destino, como esa pared pintada fugazmente, que educaba diciendo, "Con alas de oro, no se puede volar." Derribando tan sutilmente la perfección, más allá de la codicia, al cual resalta y se dirige. Porque lo perfecto no avanza, se estanca, no ve más allá, no conoce la aventura y no tiene el fervor que nos exige una meta, porque lo perfecto no tiene meta, ni sueños, no vuela; él es el sueño, la meta, la esperanza lejana, ya es y por siempre será lo que es y lo que será. Es su finalidad, es su razón. 


Quizá una farsa en el camino, cuestionando lo dado ¿Acaso este es tu camino? ¿No será el otro? Una trampa del destino, destrozando la seguridad como estandarte,  imponiendo la bandera de una incógnita descollante. Sólo queda en uno escoger el camino y llevar el legado de sus propias decisiones (derrotas y triunfos por doquier, montañas y montañas de percepciones) o escapar como cobarde (airoso, exultante, negador cognitivo) a llanuras inexistentes pero soleadas con nubes relajantes y un abismo sin precedentes.


Quizá yo, tan humano y tan idiota, queriendo entender la perfección. Pero sólo es caer en un círculo, en una paradoja circunstancial y descubrir esencialmente que el que no quiera ser feliz, es porque sencillamente ya lo es. Finalmente llegar y tener que bajar.






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lunes, 27 de diciembre de 2010

DondeCaenLosSueños.

Preguntas, solo preguntas, en lo más profundo del ser, del alma...

Voces que se niegan a moverse por fuerte golpes, cayendose y levantándose, con los mismos principios, con las mismas preguntas, ideas. Palabras sordas que caen, desaparecen, sólo desaparecen ...

En el final, en la nada, en lo más cercano a la perfección, a la eternidad.




FIN.

martes, 21 de diciembre de 2010

El recuerdo de una Luna.



Entre idas y venidas, pasos y corridas. A veces detenerme, detenerse a observar más allá de lo simple que nos rodea, se hace complicado y pareciera que uno se aventura por sobre sus sentidos.
Es una lástima que yo, egoistamente hacia aquellas almas, sea el dueño de semejante cofre de sueños, esperanzas y tristezas. Lástima para ellos, obviamente no para mi, seamos sinceros.
Una Luna en el cielo, siempre la misma, se presenta por igual a malditos y benditos, con su luz orgullosa de ser mirada por millones de almas y saber que cada alma le entrega un propio significado, una razón a su destello. Y pensar que cada alma con el correr del tiempo, le va entregando un significado distinto, desde las más asustadizas, locas hasta las más nobles y confiadas de todas. Que puede ser pensada de infinidades de formas e incontables veces al día; escrita, expresada por innumerables personas y seres extraños que recorren el universo.
Y saber, que esta es solo una perspectiva más de todas las que andan merodeando por ahí, buscando captar su atención sabiendo aún que no tendrán éxito alguno.

Ya como todos saben y algunos sospechan, La Luna estuvo enamorada (no de mí, eso quisiera), desde tiempos inmemorables, como algunos saben y todos sospechan del mismísimo Sol. Por eso mismo es que me molesta el Sol y me alegro, confieso, cuando las juguetonas nubes tapan a este benevolente y arrogante ser.
Se dice por el universo, más precisamente cuentan las estrellas (Hay que aclarar que para que las estrellas cuenten sus chismes, piden a cambio ser observadas toda la noche.) que la Luna esperaba el amanecer y el Sol el anochecer para así poder encontrarse sin que los seres celosos que viven en la Tierra se percataran de este encuentro.
El Sol siempre soberbio le regalaba amaneceres espectaculares, la Luna tímida le concedía anocheres de cuentos. Ambos buscaban sorprender al otro, el Sol demostraba su poderío haciendo que las flores crecieran masivamente en la primavera, para que ella pudiera oler jazmín en la brisa de su noche. La Luna mostraba su encanto haciendo que los océanos se movieran, transformándolos en tranquilos mares para que el Sol por la mañana sintiera el plácido sonido de las olas tranquilas. Pero ojo con las olas fuertes que sin piedad golpean las rocas hasta romperse como anunciando el fin de las costas, pues no es más que la Luna enojada con él porque a veces desaparece sin alguna explicación, según lo que cuentan los otros planetas es que cuando las nubes lo tapan, él aprovecha para aventurarse en otros sistemas solares, visitando a sus amigos. A ella le molesta, porque afirma que esos vanidosos amiguetes no son de fiar, y yo la entiendo, digamos que están demasiado sobrevalorados los "soles".

En fin, a pesar de sus idas y vueltas, siempre esperaban ese momento oportuno para poder verse y así sorprender el uno al otro con alguna gran sencillez. Jugando siempre a las escondidas, esperando ser encontrados, brillando en los momentos más recordados. A él le encantaba el día y el canto de las alondras maravilladas por su luz, mientras que ella se cubría de la noche y permitía que las estrellas jugasen en todo su cielo. Ambos entregaban todo su ser a lo que realmente amaban y esperaban ese momento en que se encontrarían para contarse anécdotas, experiencias, flores que florecen, encuentros con luciérnagas y búhos, chismes sobre amores y desamores entre orquídeas y mariposas.
Una peculiar fusión de estos dos, tan distintos y uno para el otro, siendo luz y oscuridad, una forma libre y pura de elegir amar.

Sin extenderme en el chusmerío, quedará en cada alma bondadosa o no, en creerle a las pícaras estrellas chismosas que recorren cada noche sobre cada hogar queriendo llamar la atención.
Ay Luna, Luna, regalada por todos, aceptada por algunos y deseos de destrucción de otros. Es una lástima para ellos y ellas que ya tengas dueño..





La Luna como un recuerdo que golpea el alma, sobre su forma tan singular marcados se encuentran tus cálidos ojos. Como escapar a tal recuerdo si fuiste parte de su historia, como no verla y soñar lo que nos deparaba el futuro. Bajo un árbol de peras, esperaba la sensación tan especial iluminada por su luz, mientras las estrellas hacían eco de tus susurros nocturnos.
Susurrando la misma verdad como dos pájaros que vuelan en busca de su propia identidad, libres como los sueños que se expresan en tus ojos cansados al cerrar.
Como romper un sueño que fue forjado poco a poco, pensando hasta el más mínimo detalle, hablando por separado pero pensándonos juntos. El tiempo nuestro peor enemigo, mi miedo el peor némesis, saber y ser yo mi propio error.
Tus miradas que hoy ya no están en aquel pastizal imaginario, tus palabras que se desvanecieron entre las colinas color carmín, ante la ridiculez de mi tonta acción, perdido en una multitud de recuerdos como paloma atrapada en pantanos agonizantes. ¿Para que tanto aire, si no se puede volar?
La Luna esperando ser divisada por ti en una noche tranquila a través de tu ventanal, creyendo adivinar que es lo que piensas cuando su luz es reflejada tan sutilmente en tus frágiles y suaves ojos, sentimientos que pacientemente aguardan ser reconocidos.
El recuerdo de una Luna y el dolor que no quise entregar, encerrados con candado en un corazón de metal.


Cristtian.